A falta de confirmación matemática, que pasa por sacar, en el peor de los casos, cuatro puntos ante Bielorrusia y Georgia en casa en octubre (gracias al empate de Francia en Tiflis), España llegará al Mundial por el atajo. Un escenario estupendo al que nos llevó un triunfo sin gloria en Helsinki, donde nunca habíamos vencido ni marcado. Hicimos lo uno y lo otro sin excesos ni lujos, con un gol de Jordi Alba y otro de Negredo y media docena de sobresaltos ante una selección menor pero crecida y con ganas de progresar. También con Casillas de ángel de la guarda, con una parada de las de antes, de las de siempre, para alargar el debate. En España y en el Madrid. Del Bosque presentó un plan ambicioso de asalto que salió a medias. Se ahorró los preámbulos que resultaron aburridos y fatales en Gijón; también se ahorró a Arbeloa para darle doble sentido a la banda derecha con Koke; alargó hasta lo imprud...
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