Jugar en Celtic Park es algo así como masticar tornillos mientras te masacran los tobillos. Eso sí, como la gente canta muy bien, los de Glasgow caen simpáticos a pesar de practicar uno de los estilos de juego más horripilantes de Europa basado en encerrar a diez tios en su área y arrear patadas a todo lo que se mueve. Y cuando no se mueve y está en el suelo (véase Neymar) también. En resumen, el Celtic en su casa es el peor enemigo al que pueda enfrentarse el Barça. Por eso, el triunfo del equipo blaugrana por 0-1 marca uno de los hitos del neonato grupo de Martino. Fue un ejercicio de paciencia y de coraje a partes iguales. La orquesta del Barça tocó la música que se esperaba a pesar de que el solista virtuoso no estaba en el campo. Sin Messi, todos los jugadores dieron un paso al frente para enfrentarse al cerrojazo y las patadas de los de Lennon. Patadas, que por cierto, eran ovacionadas por ese público que canta...
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